Por: Luis Eslava
Iparraguirre
Una hermosa y vieja costumbre en Cajabamba, fueron Las
Serenatas, acontecimientos nocturnos que se erguían
con dos motivos: En la víspera de un cumpleaños o para
iniciar un romance amoroso. En
ambos acontecimientos los conjuntos musicales adictos a estos actos, ensayaban
tres canciones selectas, muy acordes con las personas de quien se tratase;
llegada la media noche, con especial cuidado y respeto, dando una verdadera
sorpresa llegaban a la puerta de la amistad que iba a cumplir años “mañana” y le
entonaban las canciones escogidas, las que las rubricaban con una emotiva
marinera de la región; el homenajeado entre el fragor de cohetes que casi
siempre se acostumbraba, abría sus puertas, recibía los abrazos, hacía pasar a
los cantantes y guitarristas, seguidos del grupo organizador de la
quema-serenata; la fiesta empezaba luego y se prolongaba hasta el amanecer, con
animado baile y atenciones múltiples del anfitrión que cumplía años.
En otros casos era programa propio de los enamorados, o de aquel que pretendía
ser enamorado de tal o cual beldad. Con las serenatas engalanaban a la deidad de
sus ojos y vivían un idilio que romantizaba con las cuerdas de las guitarras y
las voces hermosas de trovadores.
Llegada la hora indicada, los valores en las cuerdas y en las voces se
aproximaban sin hacer ruido, hasta colocarse debajo de la ventana, o del balcón,
guiado por los “veloriantes” (los enamorados) y se daban sendas serenatas.
Al abrir el telón del recuerdo, hacemos discurrir a los geniales cajabambinos
que fueron los “Caballeros de la noche” con sus voces y el madero vacío:
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“Los Racsos”, dúo de Oscar Santa
María Barreto y Alfonso Iparraguirre Tenorio, doctos en música romántica.
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El tenor cajabambino, Hernán
Iparraguirre Zumarán, en dúo con Miguel Otoya Velezmoro; cultores de canciones
románticas y clásicas. Cantaban: “Granada”, “Torna a Sorrento”, “Ojos Negros”,
etc.
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Alfonso Santa María Barreto,
destacado aviador, entonaba canciones románticas.
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El doctor Luis Donet Martínez,
amante y cultor de las canciones románticas; su característica fue: “María
Bonita”.
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También se destacaron como
solistas: “Titín” Flores Alegría, Jorge Salaverry Chávez, Shalim Concha, entre
otros.
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“Los
Caribes”, dúo que marcó época con las voces de Walter Alegría Galloso y
Altinor Urtecho, entonaban canciones tropicales.
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Trio “Alma Criolla”, adictos
profundos en la música criolla, eran muy buscados por los enamorados para las
serenatas; conformaban este trío: Víctor Huertas Plácido, Alfonso Torres
Gudeño y Julio Urtecho Calderón.
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“Los Changas”, el famoso trío del
barrio Piura, cautivaban con sus voces, eran cultores de música criolla; estos
artistas fueron: Víctor, Salomón y Benjamín Chávez Sabogal.
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El dúo de Alamiro Cabanillas
Sánchez y Gilberto Espinoza “El Trovador”, también caminaron por la senda del
criollismo.
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El dúo Papín Concha y Genaro
Flores Alegría, incursionaron en todos los géneros musicales; era su
característica:
“Los ojos del sol se han cerrado,
y con ellos se ha ido la luz,
de violetas se viste la tarde
porque pronto la noche vendrá...”
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Hubo un dúo que sólo daban serenatas a sus enamoradas y
cantaban solamente valses y polkas; estos fueron: Maximandro Sánchez
y Samuelito Fuentes “El Pierolita”.
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Entre los guitarristas que
dominaron las seis cuerdas de sus guitarras y sus ejecuciones fueron análogas
a “Los Panchos” de
México y cautivaron al
escucharlos, tenemos a Alfonso Santa María Barreto y Mario Díaz Merejildo.
Hubieron chicas que al finalizar la serenata lanzaron desde su balcón una flor a
los “Caballeros de la noche” y en otros casos, les decían una sola palabra:
“¡Gracias”!.
La hermosas serenatas han desaparecido en Cajabamba, sólo quedan recuerdos de
ellas, se las evoca en noches de vigilia profunda, sobre la almohada y en
ciertos casos se producen lágrimas del alma, hechas filosofía y éstas, son más
profundas que las tibias perlas que rueda por las mejillas.
¡Un Cajabamba que se fue!
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